Carlos Coriolano Amador Fernández
Carlos Coriolano (o Coroliano) Amador Fernández (Medellín, 25 de marzo de 1835-Medellín, 13 de octubre de 1919) fue un abogado de profesión y empresario colombiano, uno de los más importante del siglo XIX. BiografíaUno de los empresarios colombianos del siglo XIX más importantes e investigado por los historiadores, Amador Fernández nació en Medellín en 1835, hijo de un exgobernador.[1] Estudió Derecho en el Colegio Provincia del Antioquia, actual Universidad de Antioquia, antes de concluir sus estudios en Jamaica y Reino Unido.[2] Posteriormente emprendió varios viajes a Europa y Estados Unidos.[3] Incluso, llegó a tener un boleto para abordar el RMS Titanic, pero llegó un día tarde a Inglaterra. Desarrolló su carrera empresarial en diversos sectores económicos, principalmente en la Minería, la Agricultura y el Comercio; aparece por primera vez en la escena empresarial en 1874, como uno de los fundadores de la Compañía Minera de Antioquia. Así mismo, gracias a su matrimonio en 1864 pasó a controlar la mayor parte de las acciones de la Sociedad Minera del Zancudo, entre cuyos socios se contaban Reinhold Paschke e Idelfonso Gutiérrez de Lara, diversificando las actividades de la empresa, llegando a impulsar la fundación del Banco del Zancudo.[1] En esta misma empresa impulsó la construcción de las primeras fábricas de la región. Para finales del siglo XIX su empresa era la más grande del país y Amador el hombre más rico del país, llegando a aparecer en los billetes emitidos por su banco.[2] En la década de 1870 fue, junto con Pastor Restrepo Maya, el que introdujo el ganado Holstein en Antioquia.[3] En 1888 estableció un molino para la producción de cacao, trigo, maíz y arroz, siendo el primer de este tipo en Antioquia. Para entonces ya tenía gran fortuna.[2] Financió y participó de la construcción de varias obras públicas, como lo fueron en 1889 la construcción de la Catedral de Villanueva con el arquitecto francés Carlos Carré y en 1894 la Plaza de Mercado de Guayaquil, para cuya construcción obtuvo el permiso exclusivo del Gobierno Local, y cuya concesión obtuvo en su totalidad.[3] También participó en la construcción del puente colgante de Puente Iglesias, construido por José María Villa Villa.[3] También fundó varias Haciendas Cafeteras y trilladoras en Antioquia y Haciendas Ganaderas en Jericó y Cartago. En el campo de la construcción, financió parte de la colonización del suroeste antioqueño y la urbanización de varios barrios en Medellín, entre ellos el Barrio Miraflores.[3] El 19 de octubre de 1899, fecha en que estalló la Guerra de los Mil Días, llegó a Medellín, de Francia, con el primer automóvil, de marca De Dion-Bouton, que circuló en Colombia, razón por la cual se tuvo que "importar" a su chofer; este vehículo entró vía Puerto de Barranquilla, para después viajar por el Río Magdalena, en ferrocarril hasta Barbosa y en mulas a Medellín.[3] Fue socio de la empresa minera Ferrería de Amagá. Tuvo importante vínculos financieros con la casa comercial “Restrepo y Cía.”, propiedad del político y empresario Luciano Restrepo Escobar.[1] También fue socio de la Empresa Colombiana del Telégrafo Eléctrico, la primera de comunicaciones que hubo en el país, y de la Sociedad Minera de Los Chorros.[2] En el campo político se desempeñó en múltiples ocasiones como Concejal de Medellín, llegando a presidir tal corporación, funcionario público durante la administración de Restrepo Escobar y diputado a la Asamblea Departamental de Antioquia (Llamada Asamblea del Estado hasta 1886) entre 1883 y 1889.[1] Emprendió muchos pleitos judiciales contras sus socios, asesorándose para tal fin de importantes abogados como Januario Henao Álvarez, Pedro Antonio Restrepo Escobar, Julián R. Cock y Luis E. Villegas.[1] Falleció en su ciudad natal en 1919. Su casa, construida por arquitectos extranjeros con materiales importados de Europa, y construida para su único hijo varón, Luis María, quien falleció en 1893, se convirtió en el Palacio Arzobispal de Medellín, eventualmente demolido.[3] Vida personalEra hijo del político y empresario cartagenero José Sebastián Amador López, que se llegó a desempeñar como Gobernador de la Provincia de Antioquia en 1851, y de María Ignacia Fernández Callejas.[1] Se casó en Medellín en 1864 con Lorenza Uribe Lema, hija del político y empresario José María Uribe Restrepo, que también fue Gobernador de la Provincia de Antioquia en 1841, y de Lorenza Lema Álvarez de Pino.[1] Tomaba su nombre en honor al militar romano Cayo Marcio Coriolano. ReferenciasBibliografía
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